Un árbitro acaba en urgencias con parte de lesiones. Otro recibe amenazas de muerte y tiene menos de 18 años. Todo está en las actas oficiales.
El fútbol base de la Región de Murcia ha vivido en las últimas semanas dos episodios de violencia contra árbitros de una gravedad excepcional. No son rumores ni versiones encontradas: ambos casos están documentados en las actas oficiales redactadas por los propios árbitros. Lo que describen esas actas debería ser suficiente para que la Federación de Fútbol de la Región de Murcia (FFRM) actuara de forma inmediata, contundente y pública.
CASO 1 — Agresiones físicas, escupitajos y 50 espectadores invadiendo el campo
Lo que ocurrió en el partido entre el Atlético Villa de Alguazas y el AD Rincón de Seca no tiene precedentes fáciles en el fútbol base regional. El acta del árbitro recoge una secuencia de hechos que se fue agravando durante todo el encuentro y que se prolongó incluso después del pitido final.
Durante el partido, un jugador local fue expulsado por golpear a un rival con la mano en la cara de forma violenta. Poco después, otro jugador del mismo equipo se encaró con el árbitro y, tras ser expulsado, se abalanzó sobre él propinándole un cabezazo en el pecho.
El árbitro recogió en el acta el dolor intenso y la sensación de falta de aire que le provocó el impacto.
Mientras trataba de recuperarse en el terreno de juego, el primer jugador expulsado regresó al campo —catorce minutos después de haber sido echado—, se acercó hasta el árbitro y le gritó: «hijo de pta, me cago en tus muertos»*, al tiempo que le escupía directamente a la cara.
El partido terminó, pero la violencia no. Otro jugador local golpeó intencionadamente un balón hacia el árbitro, impactándole en el cuello. El árbitro describió en el acta haber sentido un crujido y un dolor inmediato que le dificultaba el movimiento.
A continuación, aproximadamente cincuenta espectadores invadieron el campo dirigiéndose hacia el trío arbitral entre insultos y amenazas. Los árbitros tuvieron que abandonar el terreno de juego corriendo para refugiarse en el vestuario. Solicitaron lapresencia de la Guardia Civil. Terminaron de redactar el acta fuera de la instalación deportiva. Finalmente, abandonaron el recinto escoltados por agentes hasta su vehículo.
Una vez fuera de la localidad, el árbitro decidió acudir a recibir asistencia médica y solicitó parte de lesiones al facultativo.
CASO 2 — Un menor de edad amenazado de muerte
El segundo caso añade un agravante que lo hace aún más perturbador: el árbitro era menor de edad. Así lo acredita el brazalete -18 que llevaba durante el encuentro, tal y como él mismo hace constar en su acta.
Tras ser expulsado durante el partido, el delegado del equipo local no se retiró. Corrió hacia el interior del terreno de juego con actitud exaltada hasta situarse frente al árbitro, pegando su cara a la suya y golpeando su pecho con el propio. En ese momento le dijo, textualmente: «Tu hoy sales corriendo del Albujon, te lo juro, yo te mato.»
El árbitro tuvo que retroceder varios metros porque, según recoge en el acta, peligraba su integridad física. Fueron los delegados del equipo visitante quienes tuvieron que intervenir para separar al agresor. Una vez separado, este se volvió de nuevo hacia el árbitro gritando: «Eres un hijo de puta, es un puto sinvergüenza, tu hoy sales corriendo, ya verás, lo estabas deseando cabrón.»
El árbitro tomó la única decisión razonable: suspender el partido definitivamente. Tuvo que pedir al delegado visitante que lo acompañara hasta el vestuario porque nadie podía garantizar su seguridad.
Tenía menos de 18 años.
Lo que exigimos a la FFRM
Ambos casos están documentados en actas oficiales. No hay ambigüedad sobre lo ocurrido. La Federación de Fútbol de la Región de Murcia tiene los expedientes, tiene la información y tiene la responsabilidad de actuar.
Lo que pedimos es concreto:
— Sanciones ejemplares y proporcionales a la gravedad de los hechos, que vayan más allá de lo habitual en este tipo de casos.
— Respuesta pública. La comunidad arbitral y el fútbol base de la región merecen saber que la federación no tolera este comportamiento.
— Protección efectiva para los árbitros, especialmente para los menores, que cada fin de semana se exponen a situaciones que ningún adulto debería tener que soportar.
El silencio institucional ante hechos como estos no es neutralidad. Es complicidad.

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